¿Por qué ha sido exitosa la biotecnología cubana contra la COVID-19?

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Aun cuando no ha vencido por completo a la COVID-19, tal como lo demuestran los focos y casos positivos detectados en los últimos días, es indudable que Cuba ha gestionado con éxito el enfrentamiento a una enfermedad devenida pandemia, que ha contagiado ya a unos 8 millones de personas y causado la muerte a más de 430 mil en todo el mundo.

Las cifras de la Isla, aunque han mantenido una progresión desde que se reportaron los primeros casos el 11 de marzo, no han sufrido un salto exponencial, como sí ha ocurrido en muchas naciones, y han logrado sostenerse dentro de un escenario favorable. Ello ha evitado que los hospitales se sobrecarguen, que las víctimas se multipliquen —hasta el momento se han confirmado poco más de 2.260 infectados y han fallecido 84 pacientes— y que el país lleve sobre sobre sus hombros el peso que representaría una epidemia descontrolada para su golpeada economía.

La clave de este logro, aseguran las autoridades cubanas, ha sido la puesta en marcha de una estrategia integral que combina una activa vigilancia epidemiológica, medidas de aislamiento para la población —aunque sin decretarse una cuarentena, salvo donde ha habido eventos de transmisión localizados—, el ingreso obligatorio de los positivos, contactos y sospechosos —incluso asintomáticos—, y una atención médica que no ha escatimado todos los recursos a su alcance para el tratamiento de los enfermos. Y dentro de esos recursos, los productos biotecnológicos cubanos han sido indiscutidos protagonistas.

Protocolo cubano para enfrentar la COVID-19

Como parte del protocolo establecido por el Ministerio de Salud Pública (Minsap) para combatir la enfermedad, varios medicamentos producidos en Cuba han acaparado titulares. Su eficacia para evitar la evolución a los estadios más severos y para reducir la letalidad de la COVID-19, ha beneficiado a numerosos pacientes atendidos en la Isla y ha generado interés más allá de sus fronteras. Ello, sin embargo, no ha sido obra de la casualidad. Tampoco, un fruto exclusivo de la intensa labor de los científicos cubanos en los dos últimos meses. Su razón hay que rastrearla mucho antes, hay que buscarla en la integración de su reconocida industria biotecnológica.

“Lo que hemos hecho durante la pandemia es consecuencia de muchos años de trabajo”, explica a OnCuba en exclusiva Eulogio Pimentel, director general del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de La Habana. “Es el resultado de un diseño macro, no de un científico o de una sola entidad, sino de cómo construir una industria que se suponía estaba vedada para países como Cuba, que, precisamente por el costo de investigar y mantener los estándares requeridos en los sistemas productivos de la industria biotecnológica, están excluidos de ella. Sin embargo, en Cuba se diseñó magistralmente todo un proceso desde los años 80, que incluye a un importante grupo de instituciones científicas y que nos ha permitido llegar a donde estamos hoy.”

“Somos instituciones que trabajamos en algunos casos incluso en enfermedades comunes, pero utilizando estrategias diferentes desde la dimensión científica y desde la dimensión tecnológica productiva. Y si bien no competimos entre nosotros, porque un país pobre como el nuestro no tiene recursos para que varios centros estén trabajando en lo mismo, sí nos complementamos mucho, y un ejemplo de esa complementación ha sido precisamente esta pandemia. Frente a la COVID-19, el Centro de Inmunología Molecular, el Centro Nacional de Biopreparados, el Centro de Inmunoensayo, el Centro Nacional de Investigaciones Científicas, el propio CIGB, hemos puesto nuestros músculos en tensión y la actividad investigativa y fabril se ha tensado a lo máximo. Y en esa misma medida nos sentimos, no complacidos, pero sí reconfortados de que el esfuerzo de las instituciones de la industria farmacéutica y biotecnológica cubana, unido al de nuestro sistema de Salud, al de los médicos, especialistas, enfermeros, que son los protagonistas directos de este combate, haya hecho posible que Cuba muestre hoy una pandemia prácticamente controlada, que se ha sobrepuesto, incluso, a los modelos más optimistas que se tenían de cómo iba a evolucionar el coronavirus aquí.”