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17 de enero de 2006
Tangible y demoledora, la sequía del 2005 abrasó la tierra y la vida en Camagüey. Fue como un tsunami a la inversa y un hito inolvidable en la historia de la mayor provincia de Cuba.
Así, en medio de aquel embate colosal, Camagüey ganó la sede del acto nacional por el Día de la Ciencia Cubana, celebrado este 15 de enero.
La evocación de la confluencia de los dos hechos tiene una lógica razón: la comunidad científica del territorio contribuyó, con su inteligencia y perseverancia, a enfrentar la escasez del líquido.
Numerosas causas influyentes en el contexto social, económico y político avalaron el otorgamiento de la celebración de la efemérides.
Uno de los principales motivos concierne a la esfera meteorológica.
Entre esas evidencias figura la extensión, de un proyecto de automatización de origen local, al radar del Pinar del Río, y el perfeccionamiento del aplicado en el de la capital camagüeyana.
Además, la Sociedad Agrometeorológica Internacional y la Sociedad de Óptica de los Estados Unidos, premiaron, respectivamente, al paquete tecnológico de alerta temprana de la sequía, y a estudios basados en el equipo LIDAR.
La producción de alimentos, y el ahorro de agua y de energía, se beneficiaron también con logros del año.
Los avances en la obtención de un candidato vacunal contra el cáncer prostático y de una variedad de boniato resistente al tetuán, revelan entre otros éxitos la labor del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.
En la protección del medio ambiente, continuó el reforzamiento del trabajo en lugares como las áreas protegidas, incluido el rescate de los Cangilones del río Máximo, la más famosa piscina natural del país.
Los impactos del período recayeron igualmente en esferas como la salud, educación, ciencias sociales y humanísticas, y en la generalización de resultados científicos y de la innovación tecnológica.
Es difícil encontrar un sector excluido del influjo con el cual la provincia conquistó la sede de la conmemoración central.
Fue un año de esfuerzos y resultados extraordinarios. Y también un nuevo homenaje a un camagüeyano que prestó un servicio monumental a la Humanidad: Carlos J. Finlay, descubridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla, y creador de una comprobada teoría acerca de las enfermedades tropicales trasmisibles.
http://www.ain.camaguey.cu/26/1/17.Ciencia.htm
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