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Militar en la virtud

3 de Abril de 2005

Formar parte de la vanguardia en la Cuba de hoy pasa por no desentenderse del combate entre el pasado y el futuro, entre el pesimismo y la esperanza. Es una verdad que afloró en nuestro tránsito por diversos ámbitos en los que se desempeñan las nuevas generaciones

Qué significa integrar las filas de la Juventud Comunista en la Cuba actual? Nos fuimos con la pregunta a cuestas, en un viaje intenso por vericuetos de una generación heterogénea y desbordada de criterios.

Sentimos necesidad de hacerlo a pocas horas de que la Unión de Jóvenes Comunistas cumpla 43 años, alentados por el momento en que tendrá lugar ese aniversario: arrancó este nuevo milenio preñado de desafíos e innumerables cambios para el mundo y la Isla; nos vamos desperezando de los instantes más duros del período especial; y la batalla por retomar el paso, por ganar lo perdido, por perfeccionar la sociedad, marca la vida de todos, en especial la de quienes empiezan y están llamados -incluso por razones biológicas- a transgredir y a cambiar realidades sin desechar los mejores hilos que nos unen al destino del país.

Quizá por la impronta de la época, nuestra interrogante, aparentemente simple, desató pasión en la mayoría de los entrevistados, más allá de que echen su suerte en un surco de tierra roja, en un sofisticado laboratorio, en una fábrica, en un recinto universitario, o en un aula de algún nuevo programa docente nacido en estos últimos años.

El ESPEJO

-¿A la altura de tus 20 años, qué significa para ti estar en la vanguardia?, preguntamos a Yunier Amador Pérez, trabajador agrícola.

-El militante tiene que ser una persona ejemplar, estar "batido" todo el tiempo, tratar que el trabajo salga afuera, que no le señalen nada. Si otra persona está en baja, ayudarla en el problema que tenga. También debe ser un buen cederista. A la hora que le toquen a la puerta ir adonde lo necesiten.

La idea, natural, se sumó a otras muchas durante un encuentro en la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) 9 de Abril, del municipio habanero de San Antonio de los Baños: "Un militante debe ser, sobre todo, ejemplo dentro de su colectivo de trabajo, estar entre los primeros, ser cumplidor, tener ideas revolucionarias", declaró Rafael Contreras Hall, también obrero agrícola.

La premisa de la ejemplaridad, de ser el mejor o el buen espejo, expresada por este cubano de 28 años, quien integra las filas de la UJC y el PCC, fue recurrente en los grupos con quienes dialogamos.

Del mismo centro laboral, Kenia Morales Hidalgo, de 26 años y militante de la UJC, dijo que un joven de la vanguardia debe ser "intachable en todo, organizado, muy humano, no darle la espalda a los demás, y dar el paso adelante si la Patria llama".

En el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), Yassel Ramos Gómez, militante de 27 años, licenciado en Bioquímica y trabajador del departamento de Estudio de Proteínas, expresó que ser de la Juventud "implica irradiar ejemplaridad al resto de los jóvenes, sean o no militantes. Es algo difícil, pues debemos ser muy buenos en lo personal, en lo moral y en el trabajo".

Según este científico, su profesión y condición de comunista hacen que cada frase que él exprese tenga un "peso" importante para la sociedad. "Cada opinión -aseguró- será muy tenida en cuenta por quienes están alrededor. Por eso nuestra responsabilidad es grande.

"El otro compromiso que siento es generacional: en nuestras manos está la continuidad histórica del proceso que estamos viviendo. Yo siento que debemos tener la capacidad de ayudar a nuestros dirigentes. Estamos en una etapa crucial."

Emilio Rodríguez Gómez, militante de 22 años, y obrero del Complejo Lácteo de La Habana, consideró que el carné dice muy bien en su reverso cómo debe ser alguien que pertenezca a la UJC: sacrificado, intachable, ser referencia para los demás.

Por su parte Ariel Barredo Coya, de 20 años y estudiante de primer año de Periodismo en la Universidad de La Habana, entiende que "un militante debe procurar, ante todo, ser ejemplo, superarse a sí mismo como ser humano, ser honesto. Y en cuanto a ser el modelo que todos miren, no se trata de ser algo perfecto. La convicción de quien está en la vanguardia radica en querer elevar sus virtudes, sus valores morales, ser cada día mejor compañero, mejor revolucionario, y analizar, debatir, aportar ideas nuevas, negarse a todo tipo de dogmas".

NO ES FÁCIL

En la Plaza Ignacio Agramonte de la Universidad de La Habana, Marlis Ontivero Ortega, de 22 años de edad y estudiante de tercer año de Cibernética, nos confesó su percepción de que ser de la vanguardia es más difícil hoy que en otros tiempos.

Entre sus argumentos, hizo una semblanza de cuán impactantes han sido en lo ideológico los años posteriores a la caída del campo socialista, la desaparición de la URSS, la entrada del dólar a nuestra economía, la apertura a las inversiones extranjeras. Según ella, esos acontecimientos condicionaron en la Isla el surgimiento de manifestaciones, costumbres y modos de pensar que se alejan de la filosofía y la ética del joven comunista.

A su modo de ver, la sencillez, el sentido de lo frugal, cualidades inherentes al joven de vanguardia, han tenido que sobrevivir a rasgos típicos del capitalismo como el afán de consumo. "Cierto es que el dinero hace falta, siempre hay que trabajar para tenerlo. Pero él no puede ser el centro de todo. Hay que tener incentivos espirituales que trasciendan lo puramente material. Tristemente, para muchos, lo monetario está siendo lo primero. Y ya no estamos en los 80, los argumentos para convencer a los demás deben ser otros. Por eso digo que no es tan fácil militar en la vanguardia.

"De alguna manera la Batalla de Ideas se propone seguir preparando a los jóvenes para estos tiempos. Se están haciendo cosas para lograrlo y lo que no se puede perder es la fe".

Esta mirada sobre el reto que implica portar el carné de la organización juvenil no fue la única encontrada entre los entrevistados. Niurka Alina Antón Torres, de 32 años, doble militante y especialista en Maquinarias de la UBPC 9 de Abril, siente que el joven comunista tiene ante sí una tarea difícil:

"Lo primero que debe hacer es despojarse de todo lo tradicional; debe ser un militante de nuevo estilo, porque muchas de las tareas de hoy son diferentes a las de los años 60 y 70. Ahora, por ejemplo, tenemos el desafío del consumo de drogas, un fenómeno que no se daba antes. Nos toca luchar porque los jóvenes vayan a una fiesta y no tengan necesariamente que beber alcohol. Hay que formar un hombre nuevo, libre de vicios, tarea difícil después de un duro período especial. Es algo que se logra con una elevada preparación, tanto política como cultural.

"Tenemos que autoevaluarnos, ser muy críticos, y a partir de esa visión crítica adquirir el liderazgo. Eso lleva su cuota de sacrificio, pero es el camino para que los demás quieran ser como nosotros".

El militante Carlos Javier Borroto Blanco, científico de 25 años, del departamento de Bioinformática del CIGB, acotó que "es muy difícil estar en la vanguardia política en la Cuba actual". Coincide con otros entrevistados en que los años noventa significaron para la Isla la aparición de "desigualdades inesperadas", lo cual hizo más complejo el trabajo político.

Se refirió a los militantes del mundo científico, y también del ámbito educativo, quienes van a sus puestos de trabajo, "a darlo todo sin pensar en retribución alguna". ¿Acaso, preguntaba él, no es un reto saber, como sucede con un maestro, o con un médico, o con nosotros los científicos, que la sociedad toda nos mira, nos está evaluando, espera de nuestro esfuerzo? ¿Acaso no implica una alta dosis de consagración?

Es un reto ser militante, y una responsabilidad, nos dijo la microbióloga del CIGB Gleysin Cabrera Herrera: Porque debemos ser ejemplares en lo personal, y ser capaces de entregarnos a la sociedad como jóvenes de la vanguardia. "Tenemos -añadió- responsabilidad con los jóvenes de nuestra generación, con las generaciones que nos precedieron, y con las que van empezando. Nuestra posición es trascendental. Estamos llamados a continuar nuestra obra social".

Para Eimey Gómez, atleta del equipo nacional femenino de Esgrima, militar en la UJC es fácil y a la vez difícil: difícil porque demanda mucho sacrificio y requiere de tiempo adicional; y fácil porque "lo que se hace con amor, con ahínco, con inteligencia, sale adelante".

PALABRAS CLAVE

Entre otras virtudes que distinguen a la militancia comunista, quienes compartieron con Juventud Rebelde mencionaron la honestidad, la abnegación, la solidaridad, la resistencia, el humanismo, la transparencia, la capacidad de comunicarse con los demás, el entusiasmo, "pensar en positivo", ser trabajador, buena persona, combativo, humilde, estudioso, sobre todo de nuestra historia, y participar en las actividades para las cuales sea convocado.

Al preguntar a los jóvenes cuáles rasgos son incompatibles con la militancia, muchas de las virtudes antes mencionadas fueron puestas al revés. Fue así como se hizo alusión a la doble moral, la deshonestidad, el pesimismo, la apatía, la ostentación, el egoísmo, la falta de compromiso con los seres más cercanos y el destino de la sociedad, la insensibilidad, la improvisación, la superficialidad y la creencia de que uno se lo merece todo.

Niurka Alina, de la UBPC 9 de Abril, resaltó que un militante, hoy, "no puede ponerse a inventar. Debe saber sobrellevar sus dificultades cotidianas sin tener problemas con la justicia, sin hacer nada indebido. Debe, en fin, despojarse de todo vicio o desviación posibles".

Si queremos ser mejores militantes, resaltó el científico Roberto Vera, de 26 años, estamos llamados a mejorar nuestros conocimientos políticos: "Me estoy refiriendo al Marxismo. Las respuestas a muchas de las preguntas que hoy nos hacemos fueron explicadas hace tiempo por hombres muy sabios. Debemos ganar en la comprensión de esas ideas, y traerlas a nuestra realidad".

¿QUÉ CAMBIAR?

"Yo creo que los jóvenes militantes tenemos que darnos más a conocer, ganar en presencia dentro de la vida cotidiana del cubano de hoy. Hay que tomar parte en las discusiones que se pueden formar en una esquina, en una guagua, en una cola, hay que andar de noche en La Habana para saber cómo es la ciudad. Los jóvenes debemos ganar esos espacios". Roberto Vera Álvarez hizo esa reflexión cuando le preguntamos qué realidad transformaría desde su militancia.

Enyer La O Romero, campesino de 24 años, militante de la UJC y el PCC, volaría en pedazos todo lo que huela a capitalismo. Y su compañera de trabajo, Jeany Ramírez Ramírez, de 33 años, haría desaparecer todo rasgo de favoritismo.

"Yo revolucionaría la mentalidad consumista que existe en algunos sectores influenciados quizá por el mismo mundo en que vivimos. Para enfrentarnos a ese consumismo, debemos defender nuestros valores culturales, de cubanía. Si algo tiene que ser un revolucionario, un militante, es patriota", afirmó el doctor en Ciencias Biológicas, de 31 años, Santiago Dueñas Carrera.

Y en su espíritu percibimos el tono más profundo, la esencial preocupación de cuanto militante entrevistamos acerca de lo que entraña estar en la primera fila: quien hoy ocupe un espacio en la vanguardia, no puede desentenderse del combate entre el vicio y la virtud, entre el pasado y el futuro, entre el pesimismo y la esperanza. No puede soslayar su suerte empeñada en eso que llamamos el destino colectivo.

 

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