|
30 de Marzo de 2005
La reciente incorporación al Programa Nacional de Inmunización de una vacuna cubana contra cuatro enfermedades (difteria, tétanos, tosferina y hepatitis B), confirma nuevamente que el país no se equivocó al apostar por las ciencias biomédicas.
Para comprender la magnitud de lo alcanzado en este campo basta comentar el siguiente dato. Las ciencias biomédicas merecieron 17 de los 48 Premios Nacionales entregados por la Academia de Ciencias de Cuba a los resultados más relevantes de la investigación científico técnica en el 2004.
Más allá del monto de los ingresos generados por las exportaciones, tales aportes prestigian el nivel de la ciencia y la innovación tecnológica de la Mayor de las Antillas en el mundo, y lo más importante se traducen en bienestar para la sociedad al mejorar los indicadores de salud.
Así ocurre por ejemplo con la vacuna contra el Haemophilus influenzae tipo b, fruto de la integración entre el Laboratorio de Antígenos Sintéticos de la Universidad de La Habana, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, el Instituto Finlay, y el Centro Nacional de Biopreparados.
Desarrollada a partir de un antígeno sintético, esta vacuna protege a los niños en las edades más tempranas (hasta los dos años aproximadamente) de las enfermedades infecciosas causadas por esa bacteria, entre ellas meningitis y neumonía, y constituye una novedad científica mundial por la originalidad en el procedimiento de obtención.
Según estudios internacionales, alrededor del 50% de las enfermedades infecciosas que atacan a los infantes pequeños son originadas por el Haemophilus, de ahí la trascendencia social de tan importante resultado.
Introducida con éxito en el Sistema Nacional de Salud, la vacuna ha tenido una amplia difusión en publicaciones internacionales especializadas, como es el caso de la prestigiosa revista Science y posee registro sanitario en más de veinte países. Durante el 2004 se hicieron más de un millón de dosis y en la actualidad se crean las condiciones para aumentar la capacidad de producción.
La labor conjunta del IPK y el CIGB en la búsqueda de un posible candidato vacunal contra el dengue condujeron a un original estudio, en el cual se evaluó la utilidad de un fragmento de la proteína de la envoltura de los virus causantes de esa enfermedad en la materialización de ese noble objetivo.
Con este trabajo pudieron definirse nuevas entidades moleculares con características inmunogénicas en una patología para la cual aún no existen vacunas eficaces y los resultados sitúan a Cuba entre los países de primera línea en la investigación básica y aplicada del dengue.
El arsenal de aportes premiados en las ciencias biomédicas incluyen, además, los avances reportados en el desarrollo de una posible vacuna cubana contra el cólera y la evaluación en pacientes con el VIH/SIDA del tratamiento con medicamentos antirretrovirales genéricos de fabricación nacional.
Sin duda, los hechos demuestran el pujante liderazgo de la Isla en este campo como resultado de las inteligencias sembradas a lo largo de más de cuatro décadas, y las inversiones ejecutadas en función de ese desarrollo.
http://www.granma.cubaweb.cu/2005/03/30/nacional/articulo06.html
|