Los cubanos curan la zurda de América

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CARACAS.— A Waldo Mayor González le bastó que «se corriera la voz» para alistarse y estar allí a la mañana siguiente, de primero en la cola en el CDI Macarao, de la parroquia Cuaricuao, para convertirse en el paciente inaugural de la cuarta consulta de atención al paciente diabético que, bajo asesoría y apoyo directo de especialistas cubanos, se estableció en el Distrito capital en aras de elevar la calidad de vida de estas personas.

«El roce del zapato me reventó el pie, pero tengo la esperanza de encontrar aquí buenos resultados», dijo el venezolano, entre angustiado y optimista, poco después de que personal médico y autoridades sanitarias de los dos países cortaran la cinta de apertura de la pequeña salita que, desde entonces, es escenario de una intensa lucha contra el dolor.

Con esta —según explica a Juventud Rebelde Rafael Pimentel Pérez, coordinador nacional cubano del Programa del Buen vivir del paciente diabético en Venezuela— ya suman 95 las consultas de este tipo en el país. «Es muy importante, porque permite proteger a una gran población de Caracas que tenía muy difícil el acceso a las otras existentes en el Distrito capital, donde muy pronto abriremos otra».

Esta semana que cierra, especialistas cubanos del programa visitaron el estado de Apure, uno de los tres —junto a Delta Amacuro y Amazonas— que aún no se ha incorporado al programa, con vistas a crear condiciones para su inicio.

Es hondo el alivio que Cuba le ha dado a su hermana caribeña. «El programa se inició aquí el 18 de agosto de 2008 y desde entonces hemos atendido a más de 195 000 pacientes, lo cual representa más del 50 por ciento de todos los casos consultados en el mundo, incluyendo a Cuba, donde hemos tratado a cerca de 100 000 personas», explica Pimentel Pérez.

Su impacto decide el andar de los venezolanos. «En una población no protegida por el programa, el índice de amputaciones se encontraba entre el 40 y el 60 por ciento de casos con úlcera. En este momento, los pacientes que atendemos muestran un índice de amputación por debajo del tres por ciento», sostiene el especialista cubano.

Unos pocos corazones pueden levantar montañas. Apenas 15 angiólogos cubanos —de los 24 aprobados en plantilla— y 15 promotores o coordinadores regionales que articulan las acciones en los estados lideran esta iniciativa de bien. Eso sí, disponen de importantes apoyos como el de Barrio Adentro, que capta más del 90 por ciento de los pacientes, aprovechando el potencial de los 21 000 cooperantes de salud de la Isla. A ello se suma el respaldo de consultas de la red de salud tradicional venezolana. Alrededor de la mitad de las consultas del programa se encuentran en Centros de Diagnóstico Integral (CDI) de Barrio Adentro.

El coordinador nacional cubano afirma que el programa en Venezuela, tal cual existe, fue el primero en crearse y constituye referencia. «En Cuba comenzó en servicios secundarios de salud y, considerando la experiencia venezolana, fue implementado en el sistema de atención primaria en la patria, lo cual propició el reconocido impacto logrado allá en los últimos años», agrega.

Con esos 195 000 pacientes, Venezuela es referencia cuando el total de pacientes que nuestros expertos registran en el mundo es de alrededor de 390 000. El éxito aquí recomienda que pueda considerarse a la hora de implementar el programa en otros países, incluida la aplicación de nuestro revolucionario producto Heberprot-P.

Fuera de una clínica, esas pueden parecer rígidas cifras, pero en Cuaricuao, viendo cómo las doctoras venezolanas Eduviges Linares y Naid Perdigón —formadas «en Revolución» por profesores cubanos— y nuestra enfermera Ana Mireya González luchan amorosamente por el pie izquierdo de Waldo Mayor, su primer paciente, uno comprende la hondura de la metáfora: juntos, cuidamos la salud de la patria de Chávez, sin duda la zurda más fuerte de América Latina.