Fidel contra la COVID-19 y más allá

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Fue a mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando Fidel comenzó a hablar, mientras en Cuba se multiplicaban las facultades de Medicina y crecía el número de estudiantes de especialidades relacionadas con la Salud, entre las dudas de no pocos escépticos y las burlas de sus enemigos, de que el país sería una potencia médica mundial.

Que la respuesta de Cuba a la COVID-19 está muy por encima de la mayoría de los países de su entorno, incluyendo Estados Unidos y también varios europeos, es una realidad que se va abriendo paso. Un sistema de Salud basado en la prevención, con presencia en todas las manzanas de consultorios médicos, estructurado desde las comunidades por policlínicos docentes en cada poblado o barrio, hospitales generales y especializados en todas las capitales de provincia y algunas de las ciudades más importantes, al igual que facultades de Medicina, junto a centros de avanzada para la investigación biomédica, ha permitido un pesquisaje activo y constante en busca de enfermos asintomáticos, así como su aislamiento y tratamiento temprano con protocolos y medicamentos nacionales, además de la creación de una tecnología propia para realizar pruebas capaces de detectar pacientes portadores del virus, con un mínimo gasto de reactivos en laboratorios preexistentes en todos los municipios del país.

Cuba, a la que Estados Unidos le sustrajo en los años inmediatamente posteriores al triunfo de la Revolución de 1959, la mitad de sus médicos, dejándola apenas con 3 000 facultativos, tiene hoy 95 000 de esos profesionales, con el promedio más alto de médicos por habitantes en el planeta.

Cuando en todo el mundo la mayoría de los ensayos clínicos terapéuticos buscan tratamientos para contener en enfermos de la covid-19 la llamada tormenta de citocinas, hiperrespuesta inflamatoria desencadenada por la covid-19, Cuba lo ha logrado exitosamente con un medicamento propio (cigb-258), trabaja aceleradamente, al igual que grandes potencias como Estados Unidos, Alemania, China, Rusia y Reino Unido, en tener una vacuna para la prevención de la enfermedad, y desarrolla su prototipo de ventilador pulmonar para las salas de terapia intensiva.

Lo anterior, como también la creación de centros de investigación biotecnológica de primer nivel mundial, la formación de miles de científicos altamente calificados y comprometidos con la salud de su pueblo, que han permanecido en Cuba, enfrentando carencias y escaceses, a pesar de la política sistemática de robo de cerebros espoleada desde el Norte contra todos los países del Sur y que el asedio estadounidense multiplica en el caso cubano, es resultado de la visión fidelista que, desde los inicios de la década de 1980, estimuló la producción nacional de medicamentos como el interferón; novedosas vacunas contra enfermedades, como la hepatitis b y la meningitis meningocócica; anticuerpos monoclonales para el tratamiento de distintos tipos de cáncer, y remedios únicos en el mundo, como el que impide la amputación del pie diabético en un altísimo número de casos, entre muchos otros resultados. Igualmente, investigaciones innovadoras, relacionadas con el cerebro y medios diagnósticos propios que permiten detectar tempranamente malformaciones congénitas en el feto, enfermedades presentes en la sangre como el vih y otras, a las que viene a sumarse la covid-19. Todos esos tratamientos están disponibles, muchas veces gratuitamente o a un costo simbólico, para los cubanos a nivel comunitario, que además son vacunados sin pago alguno desde la niñez contra 13 enfermedades.

Fue también a mediados de los años 80 del siglo pasado, cuando Fidel comenzó a hablar, mientras en Cuba se multiplicaban las facultades de Medicina y crecía el número de estudiantes de especialidades relacionadas con la Salud, entre las dudas de no pocos escépticos y las burlas de sus enemigos, de que el país sería una potencia médica mundial.

Cuando unos pocos años después la desaparición de la urss desató la crisis económica más profunda de la historia cubana, se siguieron abriendo centros de investigación científica, mientras el Comandante repetía: «este país vivirá de las creaciones de su inteligencia». La exportación de servicios médicos es hoy la principal fuente de divisas de la economía cubana, a pesar de la persecución del Gobierno estadounidense, y los desarrollos de productos innovadores en la biomedicina son también un importante aporte.

A eso se suma la colaboración solidaria en Salud, de la que Cuba es líder mundial presente en los más recónditos lugares de países pobres y ofreciendo miles de becas para estudiantes de Medicina, además del trabajo del Contingente internacionalista Henry Reeve para situaciones de desastre.

No es algo traído por los pelos relacionar todo lo anterior con Fidel, porque los cubanos lo vieron explicarlo por televisión en argumentados discursos, inaugurando consultorios médicos, hospitales, policlínicos y centros científicos, y escucharon sus intervenciones en graduaciones de médicos, no con la demagogia del político capitalista que se aprovecha de ello para hacer relaciones públicas, sino con el conocimiento milimétrico de quien lo gestó e impulsó hasta el detalle y sabe el por qué y para qué de cada cosa, pensando siempre en el beneficio que puede aportar al más humilde ciudadano.

Si no fuese suficiente, está la disponibilidad de instituciones universitarias en todo el país, con capacidades de alojamiento para albergar gratuitamente a estudiantes de localidades lejanas, que han servido como centros de aislamiento, entre ellas una Universidad de Ciencias Informáticas, ideada por Fidel, donde se han formado miles de profesionales y se han desarrollado aplicaciones para telefónos móviles, como las creadas para que la población se autopesquise sobre la epidemia o para facilitar información sobre ella. Asimismo, fue el Comandante quien impulsó la creación de capacidades para producir clases por televisión, lo que hoy ha permitido que estudiantes de la educación general y artística puedan continuar su aprendizaje desde los hogares.

¿Y después de la pandemia qué?

Todo eso está muy bien, diría un observador, sin duda Cuba va resolver antes que otros la crisis sanitaria, pero qué va a pasar después, cuando al impacto de las recrudecidas sanciones estadounidenses que ya venía golpeando la economía cubana, se haya sumado la crisis económica global, que la pandemia ha profundizado con su impacto negativo en actividades como el turismo, que tienen un peso importantísimo en los ingresos en divisas de la nación. El daño económico de esta situación es un enorme desafío para todos los países y lo es mucho más para el que sufre el bloqueo económico más prolongado de la historia.

Como se ha planteado por la dirección del país, resulta imprescindible avanzar decididamente en la implementación, aún en las nuevas y más desfavorables condiciones, de las transformaciones económicas acordadas en el vii Congreso del Partido Comunista.

El Gobierno cubano ha planteado que la prioridad en la economía será la producción nacional de alimentos, una parte mayoritaria, junto a los combustibles, de la factura de importaciones, que ya no podrá ser respaldada por nuestras mermadas arcas; el impulso a todo rubro exportable, y la apertura segura al turismo cuando las condiciones lo permitan. Y ahí también las ideas de Fidel pudieran desempeñar un papel importantísimo.

La producción intensiva de plantas proteicas, objetivo al que el Comandante dedicó los esfuerzos en sus últimos años y que, según la fao, tienen un alto potencial como alimento animal. Con la participación de científicos cubanos, Fidel trabajó desde 2011 en la investigación con las plantas de moringa, morera y tithonia como alimento para animales monogástricos (pollo, cerdo) y poligástricos (vacunos y ovejos). Algunos, como ocurrió con la proyección de la Salud o la biotecnología también tuvieron burlas, pero investigaciones científicas avalan que las tres plantas superan en productividad por hectárea a la soya, el girasol y la alfalfa, y permiten hasta ocho cortes al año con una alta densidad en su cultivo.

El conocimiento innovador, profundo, amplio y único, acumulado por Cuba en este campo, pudiera ser muy atractivo para la inversión extranjera, tanto asociada a la satisfacción del mercado interno como para la exportación. Los proyectos de desarrollo local, facilitados por las facultades otorgadas a los municipios en la Constitución, también pudieran tener en esta tecnología una nueva oportunidad. Desde 2018 el Gobierno cubano creó la entidad de Ciencia, Tecnología e Innovación Sierra Maestra, para dar continuidad a este trabajo iniciado por Fidel.

También fue el Comandante quien concibió la explotación turística de cayos accesibles a través de carreteras sobre el mar, construidas en los duros años 90 del siglo pasado, que hoy cuentan con una sólida infraestructura, incluyendo aeropuertos; o en playas prácticamente vírgenes en sitios sin población residente, en el norte de la Isla que permitirían la apertura inicial a visitantes internacionales sin poner en riesgo a núcleos poblacionales. Ya compañías hoteleras como Meliá e Iberostar están incorporando la sostenibilidad sanitaria como un valor fundamental en su estrategia pospandemia, y pocos destinos turísticos en el mundo pueden competir con lo que Cuba está en condiciones de ofrecer cuando estén creadas las garantías y seguridades para volver a abrir fronteras.

No se trata de una panacea, esta no existe en algo como la economía, más en tiempos de tanta incertidumbre y crisis a nivel mundial, pero se hace evidente que el Comandante está muy lejos de ser «el responsable del desastre económico», como afirma la cubanología, y sí el aportador de importantísimas fuentes de ingresos para que un país no petrolero, sin grandes recursos naturales y con tierras poco feraces, que obligan al riego y a la fertilización, pueda no solo sobrevivir en condiciones de cerco económico, sino desarrollar un proyecto de justicia social que defiende para todos sus ciudadanos servicios básicos de los que carecen muchos países de su entorno, sin los problemas que allí son endémicos, como el crimen organizado y el trabajo infantil.

Además de la formación masiva de recursos humanos de alto nivel, que constituyen un incentivo para la inversión extranjera, y de la exportación de servicios profesionales y de productos únicos a nivel mundial con alto valor agregado, el trabajo incansable de Fidel Castro por su pueblo puede no ser solo un factor decisivo para que no haya ocurrido en la Isla caribeña el desastre humanitario que está a la vista en muchos otros lugares que se le han opuesto como modelo. En el aporte de su tenacidad, servicio al pueblo, afán de conocimiento y rigor científico hay soluciones que permiten a Cuba volver a hacer fracasar el sueño ultraderechista de convertirla en el «híbrido de casino con prostíbulo» que algunos creen viable para ella a la luz de la «tormenta perfecta» que suponen producirá la combinación de un bloqueo económico recrudecido con la llegada de un virus que, si algo ha puesto al desnudo, es la inviabilidad del sistema económico, político y social que el Comandante dedicó su vida a combatir.