Jóvenes científicos de todo el país visitaron importantes centros de salud de la capital

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No todos los días un investigador tiene la posibilidad directa de comprobar en el terreno el alcance de su trabajo, mucho menos si su objetivo final es mejorar la calidad de vida de pacientes de cáncer, como los nueve infantes de todo el país que hoy ocupan la sala de Oncocirugía del capitalino Hospital Pediátrico William Soler.

Por eso hasta allí llegaron este viernes jóvenes investigadores del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de La Habana, Sancti Spíritus y Camagüey, delegados del tercer encuentro InterCIGB que sesiona hasta hoy en la capital, para compartir con pequeñas como Nathaly Martínez Morales, quien, con solo un año de vida, se recupera de un tumor renal recientemente operado.

Ella es muy pequeña para recordar a quienes tomaron por sorpresa su habitación para robarle la más bella de las sonrisas, mucho menos para saber que tienen en sus manos la responsabilidad del desarrollo de la ciencia que cura y salva todos los días a decenas de pequeños como ella; pero quienes la víspera tuvieron el placer de conocerla, no olvidarán jamás la expresión de sus infantiles ojos, esos que la guiarán por una vida que la biotecnología cubana ya le garantiza.

Sucel Palomares Veranes, secretaria general de la Unión de Jóvenes Comunistas del CIGB de La Habana, fue una de las hacedoras de alegrías que este jueves llegaron al William Soler. Para ella, como para sus compañeros, esta visita constituye un estímulo sin igual para seguir trabajando en pos del desarrollo de la ciencia cubana.

Así lo hicieron saber ante la pequeña Nathaly Martínez Morales y la decena médicos y especialistas que atienden a los infantes que también se encuentran hospitalizados en el Cardiocentro Pediátrico William Soler.

Hasta allí llegaron igualmente los noveles investigadores para palpar de cerca cuánto se hace en Cuba por este tipo de pacientes a pesar del impacto del bloqueo económico, comercial y financiero que por casi seis décadas constituye un fuerte impedimento para acceder a tecnologías y fármacos que ayudarían a una mayor y más rápida recuperación de estos pacientes.

Un recorrido por las dos salas de ingreso de este centro de referencia nacional que recientemente arribó a sus 32 años de existencia, les confirmó la necesidad de no traicionar la confianza depositada en las nuevas generaciones de científicos cubanos.