Ciencia Cubana: 59 años de descubrimiento y retos

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Un pleno de académicos e investigadores; frente a ellos, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana:

En la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, hoy Museo Nacional de Historia de la Ciencia y la Tecnología, las palabras de Fidel Castro iban y regresaban de las paredes. Pocos entendían la claridad de su pensamiento.

Apenas un año después del triunfo de 1959, nadie podía asegurar que Cuba, un archipiélago atravesado en el medio del Mar Caribe, tiempo después sería un importante polo investigativo de la región y del mundo.

El encuentro del 15 de enero de 1960, motivado por la celebración del vigésimo aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba, también marcó el Día de la Ciencia en la nación antillana. Desde 1990, en esa fecha son reconocidos hombres y mujeres que impulsan el desarrollo del país.

La creación de espacios para el aprendizaje y la graduación de expertos en diferentes ramos, formó un conocimiento puramente cubano  que abarcó  desde la descripción de especies hasta el bosquejo de territorios ocultos.

Durante la primera etapa del siglo XX no puede decirse que sucedió lo mismo. Éramos en aquel entonces, la misma tierra fértil que una vez fue de los españoles. Éramos ricos, incluso después de tanto saqueo y oro exportado. Y aún, luego 1492, de varios intentos independistas, de tener himno, escudo y bandera a la cual saludar,  éramos un país que necesitaba ser descubierto.

Los gobiernos apoyaban investigaciones específicas, sobretodo si trataban ciencias aplicadas. Al azar, uno u otro estudio era privilegiado. Esto, conducía al fracaso cualquier posibilidad de progreso.

En igual condición: las instituciones investigativas y de conservación del patrimonio como los museos. Ello, acompañado del alto índice de analfabetismo, la limitada preparación de especialistas y el éxodo de profesionales a fines de los 50´, impidió consolidar una comunidad científica.

Si bien las circunstancias no eran la más ideales, en medio de tantos obstáculos sobresalieron nombres que al presente son recordados en honor a la relevancia de sus estudios.

Carlos Juan Finlay, famoso por descifrar el agente de trasmisión de la fiebre amarilla, fue uno de los científicos más eminentes de la historiografía nacional. No en vano estuvo nominado al Premio Nobel en dos oportunidades.

Al botánico Juan Tomás Roig le debemos gran parte de las clasificaciones de plantas endémicas conocidas en la actualidad. Esencialmente, examinó los ejemplares maderables y medicinales, estos últimos para ser empleados en la creación de una industria farmacéutica.

Mientras, en la medicina  el ilustre investigador Pedro Kourí realizó significativos aportes en el descubrimiento, diagnóstico y tratamiento de parásitos. A su vez promovió la fundación de revistas especializadas en la difusión de temas clínicos, y dejó una amplia obra recogida en libros para la docencia. 

Otras prestigiosas personalidades de la época  fueron Julián Acuña, Álvaro Reynoso, Carlos de la Torre, Salvador Massip, Fernando Ortiz y Joaquín Albarrán.

Las investigaciones previas a la Revolución dieron continuidad a la tradición científica en el archipiélago y guiaron las estrategias que el nuevo gobierno asumiría para organizar un modelo científico eficiente.  

Ya para estas fechas en Cuba existen innumerables instituciones dedicadas a promover el conocimiento. Algunas de ellas: Centro de Inmunología Molecular , Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología  e Instituto de Cibernética, Matemática y Física .  Al interior de estos espacios, se obtuvieron notables resultados para el beneficio socioeconómico.