En la ruta del Interferón alfa 2B recombinante

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Niurka Seuret Hernández tiene un gran sentido de pertenencia por el Centro Nacional de Biopreparados (Biocen), colectivo al que llegó hace 31 años como recién graduada de licenciatura en Bioquímica. Aún no existía la edificación como tal, pues en aquel entonces comenzaba el desarrollo de la industria biotecnológica.

Hoy labora en la Dirección de Producciones Biofarmacéuticas y tiene la responsabilidad de supervisar las buenas prácticas de fabricación de las vacunas y los medicamentos que en el Biocen terminan su ciclo productivo, como es el caso del Interferón alfa 2B recombinante, uno de los 22 fármacos cubanos que forman parte del protocolo de atención médica para enfrentar la COVID-19.

Nosotros laboramos —señaló la Máster en Calidad Total— en función de las demandas de los clientes, que en este caso son varias instituciones, entre estas el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Estamos preparados para cumplir con cualquier régimen de trabajo y, si fuera necesario, doblaremos turnos.

Elogió la visión del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuando a comienzo de la década de los ochenta tuvo la idea de fabricar el Interferón en nuestro país y desarrollar el frente de la biotecnología. “A eso le puso todo su corazón, porque lo viví desde el principio”.

Respecto al Interferón alfa 2B recombinante, subrayó que es un orgullo para Biocen ser partícipe de la obtención de este producto en su fase final. “Son etapas muy importantes, de ahí el compromiso de hacer las cosas bien, como están descritas para que no falle el proceso”.

En el CIGB, el comienzo

Según la ingeniera Yai Ruiz Ruiseco, directora de Importaciones en el CIGB, el Interferón es un medicamento que fabrican otras compañías en el mundo, y que Cuba comenzó a producirlo a principios de la década de los ochenta con una tecnología similar, sobre todo en busca de mejoras del proceso productivo y de la eficiencia.

Aclaró que en el CIGB se elabora el ingrediente farmacéutico activo, es decir, una parte del proceso y luego en el Biocen se concluye la etapa final: o sea, formulación, llenado, inspección visual, etiquetado y envasado del medicamento.

Recordó que durante todos estos años se han hecho producciones significativas para combatir epidemias, tales como la conjuntivitis hemorrágica en 1993, por ejemplo. Y así en otros momentos se han empleado en el tratamiento de enfermedades virales dadas las aplicaciones y los usos que tiene.

Por su parte, la doctora Marta Ayala integrante del Buró Político del Partido y vicedirectora del CIGB (en la actualidad integra la brigada de asesores que partió hace pocos días hacia Nicaragua), dijo recientemente que los interferones son moléculas producidas por el propio organismo ante los ataques virales por lo que constituyen una primera defensa natural del sistema inmunológico frente a la entrada de los gérmenes y, al mismo tiempo, participan en la inhibición de la réplica viral.

Por esas características se emplea también como protocolo ante el brote de enfermedades virales, sea por coronavirus u otras infecciones.

En brotes anteriores de coronavirus —el SARS en el 2002 y el MERS, en el 2012— se estuvieron utilizando los interferones para la prevención y el tratamiento de las personas contagiadas.

Estos virus —explicó— en lugar de inducir la producción de interferones disminuyen la de estas moléculas que son del propio organismo. Por tanto, administrar a las personas desde el ámbito externo los interferones constituye una aproximación correcta para (en medio de la gama de moléculas o tratamientos que se están utilizando) que estos aporten también una parte importante.

La científica comentó que Cuba ha estado siguiendo todo lo que se ha ido publicando, protocolizando y preparándose para el empleo del Interferón alfa 2B recombinante que producimos, porque tenemos capacidad tanto aquí como en la planta mixta cubano-china Chang-Heber, ubicada en el gigante asiático, donde este fármaco ha demostrado su eficacia en el tratamiento y control del nuevo coronavirus.

De igual manera, aseguró que se han recibido demandas de otras naciones interesadas en compartir las experiencias rápidamente para contener esta pandemia. “Nos encontramos en condiciones de atender las necesidades propias y las de otros países”.

Un camino corto, pero complejo

En el Biocen, el jefe de las plantas de producción de parenterales (inyectables), el químico-tecnólogo Humberto Pérez de la Concepción manifestó que allí se recibe el ingrediente activo del Interferón alfa 2B recombinante, luego se formula, se llenan los viales (bulbos), se les coloca el tapón, el sello, se etiquetan y envasan.

Insistió en la importancia que reviste el control de la calidad, para lo cual se realiza en un primer momento la inspección visual, cuando se detectan los defectos que pueda tener el producto y se desechan aquellos que no cumplen los parámetros.

El también Máster en Procesos Biotecnológicos, con vasta experiencia en la labor que desempeña, precisó que este medicamento tiene dos presentaciones. En el caso de la líquida, dijo que la planta cuenta con dos máquinas que permiten llenar 7 mil viales por hora.

El otro formato es el liofilizado (una pastilla en forma de polvo que después se resuspende para ponerse en estado líquido e inyectarse), para lo cual el centro dispone de dos equipos que permiten hacer alrededor de 14 mil o 28 mil unidades en cada uno, por cada lote.

En este sentido, Gabriel González, director de Producción de Biocen, puntualizó que el vial —por regulaciones establecidas— no puede tener ningún tipo de partícula visible, al margen de las pruebas de laboratorio que se realizan.

En estas plantas —agregó Humberto— se termina el producto, se envasa y se presenta para su comercialización, para el sistema nacional de salud y la exportación.

Informó que en estos momentos están laborando al mismo ritmo, sin necesidad de realizar actividades extra. “Si las condiciones lo impusieran estamos preparados para enfrentar cualquier contingencia”.

Ante la pregunta de si en otro momento se han visto ante situaciones de salud tan difíciles como las que ahora afronta el mundo, Gabriel mencionó que varias veces, y puso el ejemplo del brote de meningitis en Brasil, oportunidad en que se le solicitó a Cuba que suministrara la vacuna, única de su tipo, desarrollada en el Instituto Finlay.

“Tuvimos entonces que hacer todo el medicamento que se iba a exportar, siempre cumplimos con necesidades puntuales, a partir de una enfermedad determinada. O sea, que para el Biocen no resulta extraño realizar este tipo de producción bajo una demanda fuerte y con limitación de tiempo. Nos mueve la convicción profunda de que como se ha dicho otras veces, Cuba no brinda lo que le sobra, sino comparte lo que tiene”.