Claudia: una ingeniera en zona roja

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Claudia Bernal Estrada tiene 24 años y es una de las jóvenes cubanas que se incorporó a trabajar de manera voluntaria en la lucha contra la Covid- 19, en el hospital Salvador Allende. Graduada de Ingeniería Industrial y especialista comercial en la Dirección de Importaciones del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (Cigb) esta muchacha de hablar pausado y mirada vivaz no lo pensó un momento para dar el paso al frente, al conocer el llamado, de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), a incorporarse, de manera inmediata, a las faenas logísticas en el hospital Salvador Allende.

Desde la cuarentena obligatoria en que se encuentra, luego de haber estado realizando labores de limpieza en esa institución hospitalaria de la Habana, la joven ofreció detalles a Juventud Rebelde relacionados con el cumplimiento de la tarea.

«El Salvador Allende era en ese momento el hospital que más nos necesitaba y donde podíamos ser más útiles. Por eso fuimos ahí a ofrecernos como voluntarios. Del CIGB éramos siete jóvenes (entre ellos habían analistas de laboratorio de las áreas de Desarrollo y Control de la Calidad, técnicos especialistas en Anatomía Patológica e informáticos). A nosotros nos tocó limpiar en zona roja las salas de los pacientes positivos así como el cuerpo de guardia y observaciones.

«Cuando supimos en qué consistía nuestro trabajo el temor fue grande. Sabíamos del riesgo pero no dudamos en cumplir. Estábamos para eso, para colaborar en todo lo que fuese necesario. Algunos pacientes nos decían: “cuídense muchachitos” otros nos calificaban como “ángeles” (estábamos vestidos de blanco) e intentaban saber nuestros nombres y de dónde éramos, por lo que en nuestra vestimenta poníamos esa información.

«La ropa con la que trabajábamos nos daba mucho calor. Se trataba de escafandra desechable, doble guantes, espejuelos, careta, nasobuco y botas. Todos elementos de seguridad. A veces se nos nublaba tanto la vista que casi ni veíamos, pasamos calor y sed, pero el esfuerzo valía la pena para evitar la propagación del virus.

«Sudábamos mucho y el cansancio era a diario. No estábamos acostumbrados a tanto trabajo. Hay que estar ahí para sentirlo. En cuanto llegábamos a nuestras habitaciones, después del baño y la limpieza de nuestras pertenencias, nos dormíamos, pero al otro día estábamos listos para salir nuevamente a cumplir la tarea.

«Junto a nosotros también había voluntarios de la Cujae, trabajadores del Ministerio del Turismo y de Educación. Algunos apoyaban en la distribución de la alimentación, otros en la farmacia preparando hipoclorito o en la limpieza en las áreas de sospechosos, pacientes positivos y terapia intermedia e intensiva.

«El cloro fue nuestro mayor aliado. Había que echarlo en las concentraciones adecuadas para las limpiezas de los cuartos y baños de los pacientes, así como del albergue de nosotros. Todos los días pasábamos las noches lavando la ropa que utilizábamos debajo de los trajes y enjuagando en cloro las botas y caretas. Tendíamos dentro del cuarto en unos cordeles que armamos. Era todo un ritual. Dividíamos las tareas para terminar más rápido, comunicarnos con la familia y descansar.

«La costumbre de echarnos el gel hidroalcohólico se nos demorará en quitar. Lo usábamos con mucha frecuencia. Nunca estábamos seguros de estar tomando todas las medidas necesarias, pues siempre existía el temor de haber olvidado algún detalle.

«Me impresionó mucho entrar a limpiar el área de terapia intermedia y estar junto a personas que tienen un estado de salud delicado y donde uno sabe que los esfuerzos para recuperarse son mayores.

«Tuve todo el apoyo de mi familia. Mi mamá sabía que estaría sola en la casa el día de las madres pero eso no fue motivo para frenarme. Mis padres, muy orgullosos, estuvieron siempre de acuerdo y yo tuve el privilegio de estar en la primera línea de combate».

En el momento en que se realizó esta entrevista esta joven militante de la UJC, secretaria de esa organización en el Cigb y miembro del Comité Nacional de la UJC, se encontraba a la espera de la prueba PCR.

«Sea cual sea el resultado no me arrepiento de haber tomado esta decisión. Es mucha la satisfacción que se siente al aportar un granito en esta batalla contra un enemigo invisible y ver marcharse a sus hogares a pacientes recuperados. Me dio mucho gusto también servirles de compañía a madres que en su día estaban lejos de sus casas.

«Cuando salgamos de aquí nos incorporaremos a nuestros centros de trabajo. Entre los voluntarios del Cigb, estuvieron Daniela, Leila, Laura, Eduardo, Yusniel y Roylán. Todos jóvenes muy valientes y a quienes no puedo dejar de mencionar por su dedicación, entrega y alto valor humano», concluyó Claudia quien aseguró que otra brigada de voluntarios, procedentes de los Ministerios de Turismo y de Educación, la Cujae y el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (Isri), apoya ahora en el Salvador Allende, en la lucha contra la Covid 19.